Prueba DS3 1.6 THP

GTI de bolsillo…Y de diseño, porque aunque ya lleva unos meses entre nosotros, sigue aglomerando caos a su paso. No sólo su línea, sino también por el talante y las posibilidades de sus mecánicas, el DS3 bien se puede considerar un discípulo aventajado del Mini.Y es que, Mini y DS3 comparten algo más que el perfil de coche de capricho. Hay motores en común, como este 1.6 THP. Vale que en sus diseños Mini ha mirado al pasado y Citroën al futuro, sin líneas maestras que atesoren tanta historia. Pero basta un somero análisis a la formas del recién llegado para apreciar que haymucho de Mini en el DS3: techo recto y flotante, zaga totalmente recta y frontal de alto impacto visual gracias, entre otros elementos, a sus luces diurnas con leds verticales. No nos extraña que el DS3 se gane al público a golpe de vista. No se puede negar la evidencia. Ahora es la gran novedad dentro y fuera de la urbe. Y la paleta de personalización es tan amplia que pasará tiempo hasta ser uno más entre el más común de los utilitarios. Pero viene el Juke de Nissan a pellizcar este subsegmento venido a más desde que todos quieren tener «su Mini» particular. Y Audi, con su A1, a sentar cátedra. Citroën se fija unos objetivos de unas 3.800 unidades/año completo, más o menos, la mitad que el Mini auténtico, ese tocado por la varita mágica de BMW.

El Gti de Citroën

Tener en la gama un motor como el 1.6 THP es una declaración de intenciones. No sólo hace que el DS3 seaenérgico, rápido y, sobre todo, muy agradable de conducir en cualquier situación, sino que también sea el rápido entre los muy los rápidos. ¿Ejemplos? Barre al 207 con idéntica mecánica —con cambio de 5 marchas—. Baja de 7 segundos en el sprint corto, la aceleración 0-100 km/h. Recupera en un Santiamén. Sobran las palabras, pero bien requiere una justificación: en su paso por el banco de rodillos ha resultado ser un portento, alcanzando valores de rendimiento claramente superiores a los declarados. Ya se sabe, es un motor con mucho margen que la propia Mini exprime hasta cotas superiores a las dos centenas de caballos. Potencia no es que sobre, sencillamente no falta. Sin embargo, aquí no manifiesta ese temperamento que se deduce de sus prestaciones —¿qué tiene de temperamental el sedoso 1.4 TSi del actual Seat Ibiza FR?— debido a su proverbial elasticidad y al llegar asociado a unos desarrollos de cambio demasiado turísticos, aunque su efectividad pura y dura es un valor añadido en el global de un coche con aspiraciones deportivas.

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